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Old 25-Feb-23, 20:54
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Default Enfrentando a mi esposa

Nunca me atrajo demasiado la idea de luchar. La idea de trenzarme en combate con otra persona, independientemente de su sexo, no me resultaba para nada tentadora. Mucho menos si de ese combate saldría derrotado. Seguramente quienes lean estarán sorprendidos dado que, según lo que el foro refleja, ser dominado por una poderosa mujer es poco menos que el paraíso en la tierra.

Pues bien, no era mi caso. Yo no pensaba así y efectivamente pude comprobar que estaba en lo cierto aquella tarde de verano en que tuve que enfrentar a mi esposa por primera vez, y que marcó el inicio de un largo derrotero de interminables combates cuerpo a cuerpo sobre la alfombra del living.

Ante todo quisiera ofrecer un breve semblante de mi señora esposa. Lorena -ese es su nombre- tiene 44 años y es lo que se dice una mujer "fitness". Si bien no tengo una idea precisa de qué se entiende por ese término, supongo que está relacionado a la actividad física intensa y a los entrenamientos fuertes en el gimnasio. Si es así, no cabe duda que Lorena cumple sobradamente los requisitos para entrar en esa categoría: natación, judo, pilates, entrenamiento de boxeo, yoga y gimnasio estilo crossfit son sólo algunos de los deportes y actividades en los que estuvo involucrada en los últimos años.

Con su metro setenta y cinco de altura, su cabello castaño claro y sus curvas femeninas, Lorena no pasaba desapercibida en ningún lado y era frecuente que hombres e incluso mujeres voltearan la vista cuando pasaban a su lado. Yo sentía una mezcla orgullo y perplejidad. Lo cierto es que a veces no me sentía a su altura y me preguntaba qué habría visto ella en mí. Era una duda sincera, para nada vinculada a un problema de autoestima ya que, por el contrario, siempre fui muy seguro de mí mismo tanto intelectual como físicamente. La pregunta era más bien debido a una curiosidad real, ya que nuestros mundos eran bastante disímiles. Ella una gran deportista con un sex appeal notable, capaz de seducir a cualquier persona que se le ocurra, y yo más vinculado al ámbito académico y con otro tipo de inquietudes.

Siempre me mantuve en forma, salgo a correr regularmente desde hace años, juego una o dos veces por semana al fútbol con mis amigos, camino mucho, aunque no mucho más que eso. Siento que me alcanza para estar saludable y en buen estado. Un día, incluso, me inscribí en un gimnasio. Y ese fue el día en que conocí a quien sería mi esposa.

Hace una década, una mujer de 34 años se acercó a una de las máquinas donde estaba intentando hacer mis primeros malabares en el gimnasio. Evidentemente algo estaba haciendo mal para que esta hermosura se acerque gentilmente a corregirme sonriendo amablemente, tal vez habiéndole causado gracia mi torpeza. Me quede como un bobo, sin poder quitarle los ojos de encima. Tenía uno de esos conjuntos de lycra (creo) para hacer deporte ceñidos al cuerpo y la luz reflejaba el sudor sobre esos triceps que hasta hace un instante estuvieron ejercitándose a pleno. Le agradecí la corrección y nos quedamos hablando. Nos hicimos amigos, posteriormente fuimos novios y finalmente nos casamos tres años después.

Ya viviendo juntos, una tarde calurosa de verano yo me encontraba trabajando en la computadora (así le decimos en Argentina, ordenador para los amigos españoles) y ella llega del gimnasio. Me cuenta que pusieron un ring. No le presté mucha atención. Le pregunté si se iba a duchar en ese momento o prefería que lo haga yo, dado que en un rato tenía que salir a una reunión. Pero no me respondió y siguió dale que dale con el tema del ring hasta que dijo una de sus locuras: "me encantaría tener uno de esos en casa". La miré con cara de WTF y le pregunté para qué querría algo así: "Ay para luchar con vos todo el día ahí adentro, ¿Para qué va a ser?". Para ese entonces mi cara de WTF debe haber sido notable y entonces, en vez de decirle que termine de decir tonterías o no hacerle caso o preguntarle por qué quería "luchar", cometí el error de responder: "Si es por eso luchamos aquí mismo, no necesitamos un ring".

Y ese día empezó todo. -"Ok, luchemos" me dice. La miro como quien mira a un loco y me dispongo a ir a ducharme. Me cierra el paso. -"Dale, luchemos. ¿Tenés miedo?". Pude notar que estaba excitada, se le notaban los pezones parados debajo del top deportivo. Evidentemente, pensé, esto de la "lucha" era una de sus fantasías sexuales. Simplemente la encontré un poco más "rara" o menos común que el sexo en la playa (que concretamos una vez) o en el baño de un avión (que sólo quedó en fantasía). -"Bueno, luchemos" le digo y me quito la remera, imaginando que todo terminaría en un par de tomas a modo de juego y luego un buen polvo en el piso. -"¿Cómo hacemos?" le digo. -"Nos arrodillamos frente a frente y empezamos a la cuenta de tres". No pregunté más nada y me coloqué de rodillas frente a mi esposa.

Dimos por iniciado el combate y esperé sus primeras acciones. Sin dejar de sonreír en ningún momento, se acerca hacia mi y se sienta sobre el piso pasando sus piernas alrededor de mi cintura mientras coloca un brazo por detrás mi cuello y el otro por detrás de mi espalda, entrelazando sus dedos y presionando mi cuerpo contra el suyo al tiempo que sus piernas aumentan la presión sobre mi cintura. Tenía mis manos libres así que trato de apartarla empujándola hacia atrás pero por la manera en que aseguró esa llave, me resultaba imposible quitármela de encima. Finalmente después de empujar un rato pude tirarla hacia atrás hasta que su espalda tocó la alfombra pero eso no implicó ninguna ventaja para mí. Simplemente ella seguía torturándome con sus piernas desde el suelo, sólo que ahora me tenía encima y sus brazos alrededor de mi cuello. Intento elevar mi pelvis para así lograr que la llave de piernas ceda, pero en cuanto levanto un poco mi tronco, con un rápido movimiento vuelve a enganchar sus piernas sobre mi cintura y me tira hacia un lado. Quedamos de costado sobre el piso hasta que ella logra completar el giro y quedar encima. Se sienta sobre mi abdomen y se quita el top deportivo. Ya harto de estas luchitas estiro mis manos para tocar sus tetas pero ella toma mis muñecas y controla mis brazos sobre el piso. "Dale Lo, dejate de pavadas" le digo. Me mira, burlona y desafiante, y me apoya sus tetas sobre la cara. "¿Las querías? Acá las tenés". Con sus manos entrelazadas con las mías contra el piso detrás de mi cabeza empuja sus pechos contra mi cara. Con las tetas de mi esposa sofocándome intento unos golpes suaves a su costado. -"No, hoy no es día de boxeo, ya boxearemos pero hoy estamos luchando". Sin esa posibilidad, me muevo como una serpiente debajo de su cuerpo pero no logro zafarme. Arqueo mi cuerpo, tratando de hacer un puente, pero apenas si despego unos centímetros del piso la zona de la baja espalda antes que sentir como el peso de su cuerpo me aplasta nuevamente.

-"Besalos, chupalos y te libero". Empiezo a besar sus pechos y veo que a medida que empieza a gozar descuida el control de mis manos, hasta que finalmente logro liberarlas. Ahora podría tranquilamente pasar a dominar la lucha, pero por suerte la lucha evidentemente terminó para ella y ahora espero poder follar (uso el término español que me encanta) a mi esposa tranquilamente. Efectivamente luego de besar y chupar sus pechos terminamos teniendo un excelente polvo en la alfombra del living. Lo que no sabía en aquel entonces, es que ese no sería un episodio aislado sino que las luchas serían cada vez más frecuentes e intensas.

Lo cierto es que luego de ese primer combate me sentí bastante humillado. Y cabe aclarar que no encuentro en esa humillación ningún tipo de satisfacción. Simplemente no fui capaz de escapar del control de mi esposa. Y si no fuera porque terminamos follando en grande, hubiera quedado deprimido toda la semana por el resultado de esa lucha. Lo peor de todo es que ya no pude rechazar todos los desafíos venideros de mi esposa. Si me rehusaba a enfrentarla, a sus ojos iba a ser por la vergüenza de ser derrotado. Y si aceptaba el reto, sabía que con toda seguridad ella se impondría con su gran talento para el combate. No tenía escapatoria.

Luchamos, pues, durante meses. Todos los encuentros terminaban más o menos igual: la lucha era muy pareja hasta el momento en que ella lograba atraparme entre sus piernas. Con el tiempo, me fui dando cuenta que la única razón por la que ella resultaba victoriosa eran por sus piernas. En los momentos del combate en que sus piernas no se encontraban a mi alrededor, no se podía saber quién llevaba la ventaja, incluso se podría decir que era yo quien dominaba el encuentro. Darme cuenta de esto fue fundamental para empezar a revertir las cosas y llegar a la situación actual, en la que me termine enamorando de la lucha mixta.

Fue un viernes a la noche, después de cenar. Habíamos pactado para esa hora uno de los tantos combates. Nos quedamos un rato haciendo sobremesa y luego nos dirigimos al living para, una vez más, trabarnos en lucha. Habíamos comido liviano así que no habría problema en ese sentido. Para ese entonces ya tenía claro que tenía que evitar a toda costa quedar presa de las sus piernas, sólo que no era algo fácil de conseguir. En algún momento de la lucha, siempre terminaba sufriendo una de sus "tijeras" como ella le llamaba (o acaso en verdad se llame así). Esa noche, sin embargo, fue distinto. Todos los intentos de mi esposa por atraparme entre sus piernas fracasaron. A medida que avanzaba el combate y su llave "letal" no se concretaba, me sentía con más ánimo y energía. Mis manos mantenían a distancia sus muslos, sus tobillos, sus pies, todo lo que esa mujer tenía de la cintura para abajo. De la cintura para arriba, en cambio, yo me sentía más poderoso. Así, en un momento dado del combate, pude inmovilizarla en una llave que -según me comentó mi esposa luego- se llama Grapevine. Con mis manos sujetando las suyas sobre el suelo y mis piernas trabando las suyas al mismo tiempo, sentí por primera vez que tenía la lucha totalmente controlada. Lore respiraba agitadamente debajo de mí, luchando inútilmente. Me permití una pequeña burla susurrándole alguna cosa al oído sólo para hacerla rabiar. Noté que a pesar de no ser ella quién estaba dominando el encuentro, de todas formas estaba excitada igual o incluso más que en los combates anteriores. Yo, por mi parte, estaba hecho una llama. Tuvo que rendirse. El polvo de esa noche fue memorable.

Al otro día empecé a acompañar a mi esposa al gym. Desde entonces entrenamos juntos y luchamos regularmente. Aprendí a perfeccionar la técnica para mantener a raya sus piernas pero ella también aprendió otros trucos para evitarlo. Las luchas son mucho más parejas que antes. E incluso cuando pierdo las disfruto, sabiendo que estas derrotas de ahora no son tan humillantes como las anteriores en las que ella ejercía un control total. Hace poco hemos incursionado también en el box, pero eso lo hacemos con mucho cuidado y después de un par de rounds algo caóticos, siempre terminamos luchando como de costumbre.

Last edited by lautaro; 25-Feb-23 at 22:07.
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Old 25-Feb-23, 21:36
wrestler182 wrestler182 is offline
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Default Re: Enfrentando a mi esposa

excelente narracion!
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Old 01-Mar-23, 05:52
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Default Re: Enfrentando a mi esposa

Las luchas se sucedían ininterrumpidamente, prácticamente a diario. No tardamos en darnos cuenta que estos enfrentamientos cotidianos constituían sin duda la mejor manera de resolver cualquier discrepancia o entredicho que eventualmente surgiera entre nosotros durante el día, ante cualquier nimiedad. Naturalmente que no todo asunto era susceptible de ser tratado y resuelto mediante el combate cuerpo a cuerpo, pero lo cierto es que en el living de casa -entre tomas, llaves y agarres- hemos dirimido asuntos tales como quién decidiría dónde pasar las fiestas o a qué lugar ir de vacaciones.

Todo marchaba genial entre nosotros. El matrimonio estaba más unido que nunca. Prácticamente no discutíamos ya que si había algo que debatir, lo debatirían nuestros cuerpos sobre la alfombra o las colchonetas esa misma noche en intensa batalla.

En cuanto a las luchas en sí, eran cada vez más parejas. Si bien ella seguía conservando cierta ventaja producto de su notable condición física, su constante disciplina en el gimnasio y -sobre todo- de sus letales piernas entrenadas durante años de pilates, spinning, y vaya uno a saber qué otros inventos; la verdad es que por mi parte había mejorado considerablemente. Ya no era blanco tan fácil de su llave de tijeras y perfeccioné varias de las tomas que venía ensayando, siendo tal vez el "grapevine" mi especialidad.



Había, no obstante, un pequeño problema. Nuestro "reglamento", o al menos lo que habíamos acostumbrado desde el inicio de nuestros combates, era que la victoria se obtenía logrando la sumisión del oponente. Es decir, que uno de los dos debía rendirse, "tapear" según gusta decir Lore. Así, por ejemplo, cuando me encontraba atrapado en sus "tijeras" y la presión de sus piernas sobre mi cintura se hacía intolerable, bastaba una pequeña palmadita sobre el piso o sobre sus muslos para indicar rendición y, en consecuencia, determinar un vencedor. Vencedora en ese caso.

El problema radicaba en que muchos encuentros en los que tenía la situación totalmente bajo control, esto es, tenía a mi esposa de alguna manera controlada o inmovilizada en alguna toma, terminaban haciéndose eternos debido a que ese control no se traducía en una rendición de su parte. El "grapevine" que tan bien me salía, por ejemplo, era muy efectivo para mantenerla bajo mi dominio pero no bastaba para hacerla rendir. A diferencia de sus piernas torturando mi cuerpo, el grapevine no era una llave que infrinja dolor alguno y así era frecuente que luchas que podrían haber llegado a su final contando hasta 10 cuando alguien está inmovilizado de espaldas al piso (como he visto que se hace en ciertos tipos de lucha) terminen inconclusas o, lo que es peor, terminan en una victoria para ella tras un segundo de distracción de mi parte luego de estar varios minutos sin lograr someterla.

Es cierto que últimamente venía logrando una buena cantidad de victorias por otras vías como "chokes", "bearhugs", etc, pero no es menos cierto que lo que mejor me salía era el "grapevine" y quería tener la posibilidad de lograr salir vencedor con su ejecución. Además, me parecía super sexy como nos veíamos en esa toma: ella respirando agitada debajo de mí, y yo también agitado tratando de retenerla. Lograr la victoria usando esa técnica implicaría proceder a follar a mi esposa casi en el acto, lo que haría todo más espectacular.

Decidí hablar con ella. Le comenté que me parecía más justo que, además de por vía de la sumisión, las victorias se puedan obtener por inmovilizarnos de espaldas al piso durante 10 segundos o por el tiempo que a ella le parezca bien. Me daba igual 10, 20 o 100 segundos. Sólo necesitaba establecer un límite. No hubo caso. No quiso entrar en razón. Dijo que era imposible, que no le parecía correcto que nosotros mismos siendo los luchadores nos pongamos a contar, que eso sólo podría llevarse a cabo si un tercero -una suerte de juez- realizara el conteo, pero que ella no quería ninguna otra persona presenciando las luchas, etc, etc. Nos miramos un instante en silencio: estaba claro, había de dirimirlo en un combate.


-"Esta noche que sea por sumisión o KO" sentencia mi esposa antes de abandonar la sala.


Last edited by lautaro; 01-Mar-23 at 06:02.
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Old 01-Mar-23, 07:57
Toroninja Toroninja is offline
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Default Re: Enfrentando a mi esposa

Loving this so far. I’m excited to see what’s to come.
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Old 01-Mar-23, 12:59
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Keep tuned, there's much more to come...
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No sabia que sabias español, gracias por el post.
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